Llegó la última semana de trabajo, y las dos últimas semanas de mi vida en Belfast.
Esto se acaba.
Ya ha empezado.
En primer lugar le tocó el turno a mi bici, que se la vendí a una voluntaria que ha llegado hace pocas semanas. Pena horrible (y es sólo una bicicleta).
También le está tocando el turno a muchos voluntarios que ya no podré ver por lo que me estoy despidiendo de ellos poco a poco.
Como digo, éste semana será la última semana de trabajo en el proyecto.
Despedida de mis compañeras de trabajo y de los niños. Niños que difícilmente volveré a ver en mi vida.
Pero ya habrá tiempo de reflexión, ahora a disfrutar de la semana.
Últimos planes, incluyendo mi segunda subida a Mourne Mountains, las montañas más altas de Irlanda del Norte (próximamente nuevo post...), últimas pintas de Guinness, últimas comidas improvisadas con mis amigos un Domingo, últimas notas con el ukelele y con Laura...
Dios mío, cómo voy a echar ésto de menos.
Pero sin duda es momento de CARPE DIEM. Lo demás vendrá.


